miércoles, 9 de noviembre de 2016

La debilidad con que queda el imperialismo yanqui luego de la victoria de Trump, una buena noticia para las masas

Por Juan Giglio

El triunfo de Trump, independientemente de su ideología e intenciones -que como las de Hillary, Sanders, Rubio, Cruz y demás son totalmente antiobreras y antipopulares- expresa la monumental crisis de la principal potencia mundial, ya que el “stablishment” fracasó en el intento de imponer a su representante al timón de la Casa Blanca.  Este “outsider” de la política les ha creado un problema tremendo, porque no responde de manera directa a los principales lobbys del imperio, que aunque se unieron detrás de la figura de Hillary Clinton, continúan peleando entre sí debido al achicamiento de la “torta” de la economía global que los obliga a matarse para quedarse su porción en el reparto.

Estas contradicciones, que se están desarrollando en el marco de la continuidad de la crisis provocada por la debacle del Lehman Brothers en 2008, tienen sus manifestaciones más extremas en Medio Oriente, donde distintas facciones del imperialismo están detrás de cada una de los bloques que se enfrentan militarmente y a través de la guerra de precios petrolera. Sin embargo, el drama para estos no es la ideología del ganador, sino la extrema debilidad que está cruzando a la principal potencia imperialista, que con el recambio presidencial se va a profundizar, lo cual constituye una buena noticia para los trabajadores y los pueblos, que se las verán con un enemigo que sigue hundiéndose en el peor de los infiernos. 

Donald Trump será el presidente más débil de la historia de EE.UU, una situación que facilitará la aparición de nuevos procesos insurreccionales -como Rojava- y beneficiará a los revolucionarios y revolucionarias, que contaremos con inmejorables condiciones para disputar la dirección de amplios sectores del movimiento obrero de todo el planeta. (Volver a página principal)

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